jueves, octubre 02, 2008

Villa Francia o el renacer de la esperanza


por Pancho Márquez

Concurro ayer martes a Villa Francia, la estigmatizada Villa Francia, donde algunos por ahí me han dicho que no se internarían ni aunque los obligaran con pistola, a inaugurar por fin su hermoso Centro Comunitario de Salud Familiar, que tantos desvelos nos dio a todo el equipo de trabajo durante los últimos meses.

Y allí está la señora María, radiante de felicidad, junto a sus colegas de las Juntas de Vecinos, y destacan los pimientos, esos hermosos árboles que nos comprometimos a salvar en el proyecto, y el verde del césped que contrasta con el rojo de su fachada, color que elegimos como un implícito homenaje a la lucha y a la sangre derramada de sus pobladores por la recuperación de la democracia. Y los niños del jardín infantil vecino bailan una danza mapuche, caracterizados con sus trajes típicos, girando en una ronda irregular, pero que importa, si todos estamos felices de saber que esos niños están siendo atendidos hoy en su propio barrio por una doctora y su equipo de sólo mujeres, que hoy son las propietarias legítimas de ese proyecto que hasta hace poco descansaba en la responsabilidad de nuestro equipo de constructores.

Y todos los allí presentes ignoran que hicimos pintar de vuelta esa edificación porque lo que la empresa había hecho no nos satisfizo, que los techos fueron levantados y vueltos a hacer, lo mismo que sus veredas, y que mandamos a sacar y cambiar las puertas interiores porque no se correspondían a lo que habíamos especificado; y así, jodidos hasta el cansancio porque esa obra es la más importante que la Villa va a tener en muchos años, y estaba en nuestras manos el asegurar la calidad que Villa Francia se merece, porque ese era el mandato de nuestros auténticos jefes, que no son otros que doña María y sus colegas de las Juntas de Vecinos, que son los que nos pagan el sueldo con sus impuestos.

Ignoran todos también que hicimos intentos de que ese centro llevara el nombre de los hermanos Vergara Toledo, que hubiese sido una linda revancha con vida y salud a la muerte que en dictadura sus asesinos le propinaron a Rafael, a aquellos que se llevaron la risa cálida y combatiente de Eduardo, al cual tuve oportunidad de conocer en los años de la lucha antidictatorial, unidos entonces en una misma trinchera; homenaje que no pudo ser pues su familia prefirió rechazar la oferta, pues aún no tienen la justicia que han buscado por ya más de veinte años, y les entiendo. Pero en uno de esos niños que danzaba en la ronda irregular hoy en la mañana igual creí por un momento descubrir la risa cálida de Eduardo, sentí a Rafael y a Pablo, que renacen una y otra vez en los nuevos niños de la Villa Francia, la estigmatizada, cuyos jóvenes de hoy sin embargo no rompieron ni un solo vidrio del nuevo edificio para la última conmemoración del día del Joven Combatiente ni para el pasado 11 de septiembre, aunque los incidentes que todos presenciamos por la televisión ocurren a pocos metros de allí.

Su hermoso diseño lo desarrolló una joven arquitecto de origen viñamarino, de familia de ambientes protegidos, para decirlo de modo elegante; que me pide al inicio de la obra que por favor no la nomine como inspectora del proyecto pues no se imagina concurriendo sola a ese lugar durante meses, y cuya cara de sorpresa no olvido cuando me pregunta delante de todos quien va a hacer la inspección y le señalo que va a ser ella misma. Y termina enamorada de la Villa y de su gente, de la cual sólo recibió apoyo, reconocimiento y protección. ¡Si hasta terminó discurseando!, en una improvisada ceremonia de primera piedra organizada por la Junta de vecinos.

Y la Villa Francia nos ratifica a mí y a varios más que bien ha valido la pena orientar nuestra profesión al desarrollo de políticas públicas; espacio en el cual uno recibe mucho más de lo que entrega; y aunque suene extraño en este mundo materialista y cosista en que todos estamos, un ¡Muchas gracias! de doña María vale más que el jugoso incentivo monetario que debe recibir con seguridad un estresado transador de una mesa de dinero de algún banco, o de un compra-vende acciones de la bolsa.

- ¿Y a qué te dedicas tú?
- Soy un mejorador de la calidad de vida de los más pobres de mi país…

Esta respuesta es un lujo que sólo algunos nos podemos dar…

Pancho Márquez

Septiembre de 2008

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